Aprendiendo de los nietos

Rafael Álvarez Cordero-Aprendiendo de los nietos 

Aprendiendo de los nietos
Mi querido viejo: si tú tienes suficientes años y tienes suficiente suerte, seguramente ya eres abuelo y has vivido una de las experiencias más agradables y satisfactorias de la vida: la relación con los nietos.
Desde el momento en que uno de tus hijos te anuncia que va a ser papá o mamá, tu vida cambia para siempre, porque por un lado te das cuenta de que la historia del mundo se encierra toda ella en la transmisión constante de la herencia que recibimos de padres y abuelos y que transmitimos a los hijos y ahora, ¡aleluya!, se sigue transmitiendo a los nietos.
Y seguramente recordarás la emoción cuando viste a esa pequeña bola de carne, a través de un cristal, arropada con su primer traje, dormidito o chillando como si quisiera romper los cristales. ¡Ya eras abuelo!, y a partir de entonces tu vida cambió.
Tradicionalmente los abuelos son quienes se encargan de iniciar a los nietos en muchas actividades. Sin olvidar que los padres deben educar, los abuelos deben consentir, y que una muy buena política es no meterse en lo que no nos importa en los asuntos de educación infantil.
Y la tradición también decía que los nietos aprenderán muchas cosas de los abuelos, que somos poseedores de la sabiduría que nos han dado los años, pero si te fijas un poco, así como decimos que “la vejez ya no es lo que era”, podemos decir que “la abuelez ya no es lo que era”, porque los nietos vienen ahora con un “chip” que nunca imaginamos en el pasado, y esos nietos son capaces de aprender con una velocidad que no conocíamos, tienen un contacto sorprendente con el mundo a través de la televisión y los videojuegos, algo que nosotros no vivimos, y no se diga cómo pueden manejar los cada vez mayores programas que contienen los teléfonos portátiles.
“¿Abito, cómo es que no tienes esta aplicación y ésta y ésta?”, me dice mi nieto, y antes de que me percate de lo que hizo, añadió a mi teléfono programas y opciones que yo ni siquiera sabía que existían.
Mi querido viejo, no nos debemos asombrar ni menos avergonzar por reconocer que nuestros nietos nos pueden enseñar, ya que de una buena relación con ellos pueden salir muchas cosas buenas, porque, aunque no tengamos todas las destrezas para interactuar en las redes sociales, la sabiduría que nos han dado los años, los éxitos y los fracasos, los amores y los desengaños nos permitirán compartir y orientar a esos pequeños, frutos terciaros de nuestros amores, y al mismo tiempo podremos disfrutar de la sonrisa que ilumina su carita cuando digan: “Abito, pero si es muy fácil, déjame enseñarte”.
                Médico y escritor
                Raalvare2009@hotmail.com
                www.bienydebuenas.com.mx



http://www.excelsior.com.mx/opinion/rafael-alvarez-cordero/2013/11/02/926558