¿Cuántas velitas?

Rafael Álvarez Cordero-¿Cuántas velitas?

Poca gente domina el arte de saber envejecer. 
Duque de la Rochefoucauld
Mi querido viejo: durante más de dos años y medio hemos conversado en esta columna; para mí ha sido una de las experiencias más gratas de mi vida, porque al llegar a la vejez, he podido encontrar a cientos de queridos viejos que de viva voz, en la calle, en el elevador, por teléfono o por correo electrónico han convertido a la columna Viejo mi querido viejo algo gratísimo que nunca imaginé.
No puedo sino dar gracias a la vida, querido viejo, por haber iniciado esta experiencia que ha enriquecido mis días y mis noches, porque en medio de la noche pienso en algo que me han escrito e imagino el próximo artículo sabatino; y te agradezco, querido viejo, porque me lees y le das sentido a lo que escribo.
Pero ahora también quiero dar gracias a la vida porque cumplo un año más, y el sólo levantarme y ver el sol llena mi corazón de alegría y mis pulmones de oxígeno, es un día más que me regala la vida, es una oportunidad nueva para llenar esas 24 horas de algo útil, algo hermoso, algo productivo, simpático, agradable, qué sé yo...
Y al hacer un balance de lo que ha sucedido en estos años, doy gracias por la bendición de haber tenido unos padres como los que tuve, por la educación que recibí y porque hicieron feliz mi infancia y juventud; gracias por la madre de mis hijos que no está con nosotros, por mis tres hijos que adoro, por los cuatro nietos que iluminan mi corazón, y por Alicia, mi compañera de más de un cuarto de siglo que me volvió a la vida.
Hoy querido viejo, al apagar nuevamente las velitas de mi pastel, doy gracias a la vida por todos los días, los meses y los años vividos. Me preguntarás, curioso, que cuántas velitas voy a apagar, y te responderé que a nuestra edad, lo importante es estar frente al pastel y apagarlas, ¡porque estamos vivos!
Y es que podemos olvidar qué importante es estar aquí, hasta que recordamos a los pocos o muchos amigos y parientes que no pueden decir lo mismo porque se adelantaron en ese camino que todos recorreremos. ¡Qué bueno que hay pastel!, ¡qué bueno que todavía soplamos velitas!, ¡qué bueno que todavía late nuestro corazón y nos emocionamos al ver a la persona amada!
¿Soy hoy más viejo?, no, no más que ayer o menos que mañana; creo que lo que cuenta es cuánta vida le pongo a cada día, creo que lo que cuenta es la satisfacción de cada noche cuando sabemos que las 24 horas fueron útiles o gratas o productivas o simplemente felices.
Hoy no soy más viejo; estoy a la orilla del mar con Alicia, mi compañera, esta noche iremos a cenar sabroso, a brindar por nuestro amor y a continuar esa conversación ininterrumpida que comenzó el día en que ella me sedujo con una mirada de sus ojos color del tiempo.
                 Médico y escritor
                raalvare2009@hotmail.com
                www.bienydebuenas.com.mx


http://www.excelsior.com.mx/opinion/rafael-alvarez-cordero/2013/09/07/917502