El síndrome de la abuela esclava

Rafael Álvarez Cordero-El “síndrome de la abuela esclava 

Abominación, el hijo que no honra a sus padres.
 Levítico
Mi querido viejo: esta semana ha sido rica en experiencias, porque muchos amigos me han llamado para sumarse a la propuesta de que nos unamos con la intención de hacer saber a las autoridades que aquí estamos, que no somos desechos de la vida, que aún tenemos mucho que ofrecer a la sociedad, y que la sabiduría de los viejos puede ser de gran utilidad para el país.
De acuerdo con esto, querido viejo, seguiré conversando para encontrar la mejor forma de organizarnos; sus sugerencias y propuestas son muy útiles, porque todos queremos lo mismo: una mejor vida en este maravilloso tramo de la existencia, y sea en una sociedad, asociación o federación, podemos tener más capacidad de actuar por el bien de todos. 
Pero quiero abordar algo que escuché en el consultorio y que creo que es de gran importancia, la sicóloga que conversó conmigo me lo explicó con todo detalle y lo llama “Síndrome de la abuela esclava”.
Cuando escuché el nombre pensé en la época de los griegos y los romanos, que por ley tenían toda la libertad para comprar y vender esclavos, hacer con ellos lo que se les antojara, incluso matarlos, y pensé en los miles y miles de negros que fueron llevados de África  a América y eran tratados como bestias en las plantaciones de algodón en el sur de los Estados Unidos; no, me dijo mi amiga, esto sucede aquí, en la sociedad del siglo XXI, tanto en familias pudientes como en familias con carencias, lo vemos todos los días y es un problema que requiere mucha atención, porque afecta gravemente a muchos hombres viejos y sobre todo a muchas viejecitas solas.
Se trata de que, cuando una querida vieja se queda sin su compañero, con frecuencia vive en la casa de su hijo o su hija, que la recibe de manera más o menos resignada, pero que pronto encuentra que esa viejita puede ser útil, que puede encargarse de algunas tareas, puede suplir a la trabajadora doméstica, que puede cuidar a los niños mientras los papás se van de vacaciones, que puede encargarse de las medicinas si se enferman, y que en poco tiempo la viejita no tiene tiempo para sí misma, no puede salir, viajar, incluso ir al cine, porque se ha convertido en una verdadera esclava de sus hijos y sus nietos.
Triste situación es esa que debemos denunciar, porque la calidad de vida de esa viejecita se deteriora, y no sólo eso, sino que si ella tiene algunos bienes, con engaños y mentiras les son robados y aun se falsifica su firma para arrebatarle alguna posesión que heredó de su esposo; esto ocurre casi siempre con las mujeres, pero puede ser también del abuelo, esclavizado y solitario.
Si tú, querido viejo, estás enterado de una situación como ésta, denúnciala, porque es una violación a los derechos humanos de esa querida vieja, y si tú, viejo o viejita, estás sufriendo esta situación, no lo permitas, haz saber a tu familia que puedes ayudar, pero que tienes derechos que no pueden ser ignorados o violados. Escríbeme por favor, dime tu historia y yo aquí la comentaré; tenemos derecho a ser felices hasta el último día de nuestra vida
Y si tú, querido joven, casi sin darte cuenta has convertido a tu viejita, tu madre o tu suegra en una “abuela esclava”, reflexiona: ella dio su vida y todos sus desvelos en tu infancia fueron para protegerte, y es una gran crueldad que en lugar de cuidarla y de esa forma agradecer todo lo que hizo por ti, la trates cruelmente y le niegues la oportunidad de vivir su vida como se merece.
Los viejos o las viejas cuando se quedan solos necesitan apoyo, no discriminación, necesitan consuelo, no abandono, necesitan vida, no muerte.
                Médico y escritor
                Raalvare2009@hotmail.com
                www.bienydebuenas.com.mx



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