¿Enfermos profesionales?

¿Enfermos profesionales?

Guarda tus quejas para el doctor, a tus amigos no les interesan tus dolencias. S. Holmes
¿Enfermos profesionales?
Mi querido viejo: una de las calamidades que sufrimos los médicos —y no hay excepción, cirujanos, oftalmólogos, ginecólogos, etcétera, la sufren— es el recuento de enfermedades en una fiesta o una reunión, cuando una señora se acerca y dice: “¿Usted es gastroenterólogo? Pues fíjese que yo tuve una úlcera y luego el doctor X me atendió, y después estuve tomando la medicina Y y todavía siento dolor aquí, ¿qué piensa usted?” La consulta se complica si aparece otra invitada y dice: “Eso no es nada: a mí me quitaron 50% del estómago en una operación que duró seis horas.¿Usted cree que el cirujano X sea bueno?”
A nadie le gusta oír de enfermedades, querido viejo, y a nadie le interesa el recuento de los males, los efectos de las medicinas o las consecuencias buenas o malas de haber acudido a consulta; nuestros amigos y vecinos gustan de oír las cosas buenas, las anécdotas interesantes, los hechos sorprendentes, comentarios de cine, opiniones del deporte, qué sé yo, pero es fastidioso estar al lado de quien solamente habla de sus achaques, enfermedades o problemas de salud.
Los médicos huimos de los “enfermos profesionales” como de la peste, porque lo único que desean es hacer gala de sus males, casi siempre critican a otros doctores, y si están en una reunión crean un ambiente depresivo; un amigo médico me dio la receta para callar a esas personas: “Si te aborda un enfermo profesional, dile que se quite la ropa y que de inmediato lo vas a examinar, y no te molestará más”.
Mi querido viejo, aun con nuestros seres queridos, compañeros, hijos, amigos, no tiene caso hacer recuento de males; ¡Claro, si te preguntan, contesta!, pero no es preciso que hagas un recuento como de historia de horror por tus dolores o tus enfermedades, porque, además, sabemos que las palabras tienen un efecto en la mente, y si hablas de cosas alegres, si tu conversación es optimista, el ambiente a tu alrededor será optimista, pero si te quejas, te lamentas y te compadeces de ti mismo frente a los demás, el ambiente se tornará sombrío, triste, melancólico.
Para no ser un quejoso o enfermo profesional, conoce bien tu cuerpo, conoce tus fortalezas y tus debilidades, conoce bien las enfermedades que tengas (presión alta, diabetes, reumas) y conoce cómo tratarlas mejor, para que te lleves bien con ellas; ser amigo de tus enfermedades te permitirá conocerlas mejor y disfrutar la vida.
Y no olvides que al paso del tiempo necesitamos, como necesita un automóvil, hacer un “chequeo” de cómo estamos por dentro; afortunadamente hay ahora cientos de estudios de laboratorio y gabinete que te permiten conocer tu salud y tus enfermedades, para tratarlas mejor
Pero recuerda, querido viejo, que a nadie le interesan tus enfermedades, y que muchos agradecerán una sonrisa cuando te pregunten cómo estás y respondas: ¡¡¡Bien y de buenas!!!
                Médico y escritor
                raalvre2009@hotmail.com
                www.bienydebuenas.com.mx


http://www.excelsior.com.mx/opinion/rafael-alvarez-cordero/2013/11/23/930158