Las manos de mi padre

Rafael Álvarez Cordero- Las manos de mi padre 

El trabajo más productivo es el que sale
de las manos de un hombre contento.
Victor Pauchet
Mi querido viejo: cuando era niño, una de las cosas que más admiraba de mi padre eran sus enormes manos, —al menos así las veía—, fuertes, imponentes, con las que me enseñaba a escribir o me lanzaba la pelota de basquetbol; mi padre fue médico y yo admiraba cómo con sus dedos golpeaba mi vientre para conocer si tenía cólico o dolor, para saber si estaba enfermo.
Pero las manos de mi padre servían también para enamorar, porque fue con el piano como conoció y enamoró a mi mamá, componiendo canciones que tocaba con singular sentimiento; de hecho, mi madre lo conoció en la academia de arte que su mamá, —mi abuela—, tenía allá en la calle de Tacuba, y entre clase y clase surgió el romance que duró más de 75 años.
Y ahora que celebramos el día del abuelo, el pasado miércoles, estaba recordando a mi padre y sus manos, sus enormes manos, que con el tiempo se fueron encogiendo un poco, aunque conservaban su vigor, tanto que a los 85 años todavía tocaba el piano, lo que dejó de hacer cuando murió mi mamá.
Y ahora pienso en sus manos, que construyeron todo lo que yo soy, manos que cuidaron de mi madre, que me cuidaron desde niño, que me operaron del apéndice cuando un cólico me dobló, manos con las que daba énfasis a sus palabras, manos que escribieron libros importantísimos de Salud Pública y Medicina Preventiva y crearon la Cartilla de Vacunación, manos que ordenaron las primeras campañas de planificación familiar, manos que cuidaron a miles de niños que pasaron por su consultorio, manos que consolaron a quienes habían perdido a un ser querido, manos que envejecieron con dignidad, manos inolvidables.
Con el tiempo, las manos de mi padre fueron mostrando una curiosa y ligera desviación en los dedos medios, y resulta que ahora ¡yo comienzo a tener los dedos medios como los de mi padre!, herencia insólita, porque no es artritis, no hay dolor, simplemente los dedos comienzan a “mirar chueco”, pero no me impiden tocar la guitarra, como a él no le impidieron tocar el piano.
Querido viejo: ¿has pensado en tus manos?, ¿has imaginado cuántas cosas maravillosas haz podido hacer con tus manos?, ¿cuántas caricias, cuántos abrazos, cuántos consuelos, cuántos apretones de amistad con esas manos que han envejecido contigo?
El significado de las manos es tal, que para mí, la escultura Las manos de Dios deAugusto Rodin es su mejor obra y la que representa más cabalmente al ser humano; Rodin dice: “La mano sale de la roca, del caos, de las nubes, tiene el pulgar de un escultor, sostiene el barro y con él crea a Adán y Eva”.
Felicitaciones, querido viejo, si has conocido y admirado las manos de tu padre, felicitaciones, porque más pronto que tarde te darás cuenta que las tuyas son idénticas a las de él.
                *Médico y escritor
                Raalvare2009@hotmail.com
                www.bienydebuenas.com.mx


http://www.excelsior.com.mx/opinion/rafael-alvarez-cordero/2013/08/31/916328