No tengo nada que hacer

Rafael Álvarez Cordero-No tengo nada que hacer 

No tengo nada que hacer
Mi querido viejo: tú conoces o has visto seguramente a muchos taxistas, y tristemente has constatado que casi todos están de mal humor, enojados con el tránsito, agredidos o agrediendo a peatones y automóviles; ¿qué pensarías de un taxista que siempre está de buen humor, conversa con los clientes, les cuenta anécdotas, es feliz?
Y seguramente habrás visto a muchos empleados de oficina, la mayor parte de los cuales están como por fuerza, sin ganas de trabajar, haciendo lo menos posible y esperando la hora de la salida; ¿qué pensarías de un empleado que estuviera siempre sonriente, que fuera activo y diligente, que cumpliera todas sus tareas con eficiencia y prontitud?
Y también has de conocer a algunos viejos, que sienten que cargan sus años como cargar costales, y que después de la jubilación se apoltronan en un sillón a ver pasar la vida, y dicen “no tengo nada que hacer”; ¿qué pensarías de alguien que a todas horas del día encuentra la manera de escribir historia, prosa y poesía, melodías e himnos, y que disfruta su actividad artística?
Pero… querido viejo, ¿qué pensarías si te digo que hay un viejo que al mismo tiempo es un taxista feliz, un empleado cumplidor y un escritor y poeta?, me refiero a don José Luis Jiménez Ríos, quien es un poeta que ha escrito varios libros: Amor, leído, premiado y reimpreso en varios países de Latinoamérica;ShalomAlgo de míViviré —escrito después de un grave accidente—, así como canciones y un himno a Aguascalientes.
Este es un viejo querido que sabe para qué está la vida; él nunca podrá decir “no tengo nada que hacer”, porque su día está lleno de actividades, y es el taxista más alegre y mejor amigo de sus compañeros del volante, el empleado más eficiente y servicial, buen compañero de los trabajadores de la empresa, y nadie sabe de dónde saca tiempo para escribir, y lo hace muy bien.
Por eso, hace unos días una televisora le hizo un reportaje, porque no daban crédito a que un individuo, “a su edad”, —como dicen los tontos reporteros— fuera capaz de tal actividad y sobre todo de la actitud tan positiva hacia la vida.
Querido viejo: estarás de acuerdo conmigo que a nuestras edades cada día cuenta como el más importante, un día que tenemos que llenar de optimismo, actividad y algo que nos permita estar satisfechos al llegar la noche; venturosamente, cada vez tengo noticias de más y más queridos viejos, y viejas queridas que son hoy más activos que cuando tenían menos años, porque al liberarse de muchas de las tareas de la vida adulta: criar niños, educarlos, ganar el sueldo, etcétera, pueden dedicarse a lo que siempre han querido, y encuentran un gozo muy especial que no se tiene a otras edades.
Y cuando veas que algún compañero o familiar dice “no tengo nada que hacer”, invítalo a vivir; ¿a vivir?, sí, porque si en realidad no tiene nada que hacer, no está viviendo, está vegetando, y hasta donde sé, nosotros no somos vegetales.
Felicitaciones a don José Luis Jiménez Ríos, y si alguna vez abordas un taxi, posiblemente lo reconocerás, es un hombre sonriente y feliz.
                *Médico y escritor
                www.bienydebuenas.com.mx
                raalvare2009@hotmail.comm


http://www.excelsior.com.mx/opinion/rafael-alvarez-cordero/2013/08/24/915189