¿Es recomendable correr en pareja?

A los dos les encanta entrenar y son unos tortolitos inseparables. Compran las zapatillas juntos, entrenan juntos, corren juntos sin parar. Sin embargo, ¿Por qué les cuesta tanto correr juntos?

Aunque disfruten de correr y pasar tiempo juntos, suele pasar que a los aficionados del running les resulta difícil correr en pareja sin conflicto de por medio. Mientras Sofi imagina listados y listados de temas para ponerse al día con Jumpi, de repente se encuentra junto a un ser absorto en el camino, con la mirada fija en el horizonte, que gracias si desvía la vista para fijarse en la única data imprescindible: el reloj, con sus innumerables funciones por descubrir.
Las estadísticas demuestran cómo, de hecho, el 58% de las parejas prefieren no entrenar juntos, mientras que el 26% sí lo hace e incluso participa de las carreras, y sólo el 6% entrena y compite codo a codo.
Pero, ¿Es una cuestión de género?
Si bien no todas las mujeres quieren conversar mientras corren, ni todos los hombres se concentran tanto frente al camino, es cierto que la química cerebral puede resultar un aspecto determinante en asuntos de compatibilidad. El hombre tiene 10 veces más testosterona, una hormona asociada a la toma de decisiones, la competitividad, y la concreción de objetivos, que durante el entrenamiento puede aumentar el rango aún más. A su vez, en el caso de la mujer, la oxitocina, la misma hormona que promueve el vínculo materno filial, responde en el entrenamiento desde la colaboración y la confianza, la empatía y el cuidado.
Si a esto sumamos otras características de sociabilidad, nos encontramos con que el hombre saca más provecho de situaciones en las que debe hacer foco y cumplir con un solo objetivo, mientras que la mujer se siente más cómoda conversando y compartiendo el momento. Sin lugar a dudas, tanto la concentración como el estar presente, son aspectos fundamentales en el running. Ahora, ¿Cómo hacemos para ponernos de acuerdo?
Tal vez más que prestar atención a lo que hacemos mientras corremos, podemos empezar a considerar cómo vivimos la experiencia con el otro: Primero, reconocer que nos conectamos con nuestro cuerpo y nuestros pensamientos desde otro lugar. A partir de ahí, ¿De qué manera nos conectamos con el paisaje, el artilugio tecnológico de moda, o mismo nuestro compañero? Si bien la experiencia no deja de ser personal, mientras distingamos las diferencias que entran en juego, vamos a coincidir en algo: hablando o en silencio, codo a codo o unos metros detrás, sólo se trata de correr. Juntos.