Exigencia: hasta dónde llegar en los entrenamientos

Una de las principales dudas de los principiantes, es incluso un error frecuente en corredores que se dedican enteramente al deporte, es aprender a identificar hasta dónde exigirse en los entrenamientos, en especial en época de competencias.
Hay dos resultados posibles: Correr hasta no poder más o quedarse con las ganas de pasar los límites propios. La emoción de empezar a correr muchas veces hace que no superarse permanentemente genere frustración, y que todo el tiempo se intente correr más rápido, más lejos o por más tiempo. Pero correr hasta no dar más es el principio de dos grandes errores: Realizar entrenamientos extremadamente duros: Si bien el trabajo duro es importante para ser mejores corredores, no es lo mismo hacerlo a través de un avance progresivo, que con entrenamientos extremadamente duros que exceden las capacidades de nuestro cuerpo. El organismo no asimila estos tipos de ejercicio de la misma manera y, cuando se sobrepasan ciertas capacidades, no se puede sacar provecho de la misma manera que cuando se hace conscientemente y en la justa medida. Correr no tiene que doler, así que si luego de terminar los entrenamientos se detectan señales como rigidez en las piernas, dificultad para desplazarse con normalidad, fatiga y cansancio que duran varios días después del ejercicio y acaban por convertirse en dolor, hay algo en el entrenamiento que no está realizándose de manera correcta. La sobre exigencia no sólo limita la capacidad del cuerpo de asimilar el ejercicio de manera provechosa, sino que además aumenta el riesgo de sufrir lesiones y fatiga crónica. Realizar entrenamientos muy exigentes a diario: Una vez que los corredores se acostumbran a sentir dolor después de los entrenamientos, es probable que lleguen a tener miedo de entrenar en forma liviana y crean que correr a un ritmo relajado no sirve de nada. Este es un gran error, que puede tener impactos negativos y limitar la capacidad de entrenar la resistencia. Cuanto mayor sea la distancia que el corredor decida correr, más importante será el sistema aeróbico y mayor será la importancia del oxígeno para lograr mantener una velocidad constante en la carrera. Los entrenamientos a ritmo relajado sirven para mejorar la capacidad aeróbica y, a su vez, la resistencia y la capacidad de sostener una velocidad por más tiempo y distancia. Este tipo de entrenamiento ayuda al organismo a aumentar el flujo sanguíneo en nuestros músculos; de esta manera, se eliminan más rápidamente los residuos que en ellos se encuentran, y la la sensación de rigidez disminuye. Es importante, en cualquier caso, planificar los entrenamientos con un tiempo posterior prudente para permitirle al cuerpo recuperarse, ya sea un ejercicio leve o exigente.